miércoles 17 de junio de 2009

hombre de barro

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hombre de barro
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Instalación sobre el cuento de Borges: Las ruinas circulares, en FICCIONES.


Hombre de barro es una instalación que evoca la creación de un Adán según la idea de ficción que plantea Borges en Las ruinas circulares. Durante el proceso la materia adquiere carácter simbólico en un ritual de creación de un hombre. El Mago, según el cuento de Borges, es el hombre que viene del Sur y proyecta su pensamiento para crear un ser. La luz interviene como materia significativa en esta proyección y encarna los pensamientos del Mago que dan vida al hombre. La palabra FUEGO inunda su interior. Es la materia de los pensamientos creativos. El proceso da sentido a la materia y a sus cualidades capaces de evocar otros significados. Así es cómo el cuadro comienza desde el azul de la noche (la unánime noche de los sueños*) una base de imprimación donde se trazan las coordenadas rojas que fundan el lugar de la creación y señala los puntos cardinales (el hombre taciturno venía del Sur). La cruz designa el lugar y la importancia del hecho. En el centro privilegiado, con el realce de la posición, es donde surge la pincelada roja (el corazón), el comienzo del ser (soñó con un corazón que latía*). La importancia central de este comienzo marca toda la obra. A ella se dirige toda la composición. Es allí donde surge un ser sin cara ni sexo, color rojizo, hecho de barro, un rojo Adán*, y se utilizan pigmentos de tierra en las pinceladas, incisiones y huellas que atrapan el gesto en la búsqueda incesante de un ser que mereciera participar en el universo*, líneas y ángulos de búsqueda quedan registrados sobre el lienzo desde los sueños del Mago (lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos*). La luz del día viene a aclarar los pensamientos y se manifiesta en el cuadro como un baño tenue de materia blanquecina. Allí se registran mediante incisiones, los días y las noches que dura la búsqueda. El rojo Adán tiene signos de exploración y análisis, la noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo*.

El cuadro se encuentra inacabado, en plena creación, no concluye aún como en el cuento de Borges, donde el ser creado abre los ojos (en el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó*). La obra abierta pretende la complicidad del espectador que participa en el mismo momento de la creación, junto con el personaje de Mago y el Ser que está siendo creado, dando a entender la simultaneidad de las identidades que se unen en la acción de crear.


A modo de invocación, la lectura de las palabras del comienzo del cuento quedan registradas en los límites del día sobre la noche. Es un comienzo del rito de la creación a la manera borgeseana, por lo tanto su lectura es circular:
“Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas...”*


Todo el hecho queda encerrado en el marco pétreo, en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado*. El marco simboliza el templo que alberga el ritual de la creación. Es importante destacar que al escenificar la creación de una identidad he visto necesario focalizar un lugar concreto sujeto a coordenadas para construir una sucesión de hechos que se impongan por su verosimilitud. El lugar, el cuerpo y el templo son conceptos que convergen en la creación.


Lo ficcional de esta escenificación abre un intersticio por el que se filtra la propia realidad. Borges plantea la identidad a través de la interacción entre arte y vida, en la medida en que la fabricación ficcional de la historia deja al descubierto el carácter múltiple de las vidas individuales, un hombre es todos los hombres y anula la individualidad al reducir el todo de los individuos a una identidad general que los contiene. Estamos ante una identidad intersubjetiva, transtemporal y transespacial [8]

“ En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo” *.


* Todas las citas en gris pertenecen al cuento La ruinas circulares, en Ficciones, J.L.Borges.
[8] Oxímoron e identidad en Borges: duplicidad y unidad de contrarios, Ensayo,
María del Carmen Rodríguez Martín. Revista Hispanista. Ed. Suely Reis Pinheiro. ISSN 1676-9058

 
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